lunes, 28 de marzo de 2011

La tierra del faisán y del venado

(Publicado originalmente en: www.carioss.6te.net)


(Foto: Tomada de National Geographic)


La caza es una actividad que en los países desarrollados tiene cada vez menor importancia desde el punto de vista utilitario, ya que ésta se ha convertido en una actividad tradicional y de ocio. Por ello, la sociedad ha cambiado sus actitudes hacia la actividad cinegética en las últimas décadas y actualmente demanda prácticas cinegéticas responsables, que sean compatibles con la conservación de la biodiversidad y con el bienestar animal. En Estados Unidos, por ejemplo, la aceptación de la caza depende en gran medida de la habilidad de los cazadores para justificarla con argumentos utilitarios más que con los meramente deportivos (1). La cuestión es que la caza con fines utilitarios, como la de subsistencia, existe todavía en ciertas regiones del planeta (2,3,4,5,6).

Los habitantes de las selvas tropicales en América han practicado la cacería de subsistencia desde hace 10, 000 años (7). En el sur de México, la cacería ha sido una actividad relacionada con las estrategias de subsistencia y el manejo de recursos naturales por parte de la población maya desde épocas prehispánicas (8). Tradicionalmente, los campesinos-cazadores de Yucatán practican al menos cuatro modalidades de caza: 1) P'uuj o batida, 2) Ch'uk o acecho, () Ts'on o cacería nocturna (también referida como "lamparear") y 4) Ximba ts'on o cacería oportunista (también referida como "pasear el monte"). Algunas veces se reconoce una modalidad adicional, "la cacería del pavo cantor", que puede ser considerada como una variante de la cacería de acecho para conseguir específicamente el pavo de monte (9).

“La danza del cazador”, recogida en “La tierra del faisán y del venado” de Antonio Mediz Bolio es un ejemplo de la tradición venatoria del mayab:

¡Va, va, va el cazador! Los árboles están húmedos y la tierra fresca. Ya se ha ido la Luna y tarda en venir el Sol. El monte tiene olor agradable para respirar. Es la hora del pavo montés. ¡Va, va el cazador!

Aquí el arco y aquí la flecha. Todo desnudo, para que no lo vean los pájaros y avisen. Despacio, despacio para que no griten las hojas secas debajo de sus pies. El pavo azul está cantando. ¡Óyelo, óyelo! No hables alto y no respires. ¡Allá va! ¡Cayó! ¡Cayó!

¡Baile, baile el cazador alegre, levantando el arco! ¡Baile y grite, que ya no hay miedo de espantar! Mirad el pavo azul ensartado en la flecha que fue por el hilo de los ojos y se clavó temblando. ¡Cayó! ¡Cayó!

¡Va, va el cazador! Vuelve por los caminos oscuros, y cuando sale a la sabana destapa su calabaza y bebe agua endulzada con miel. ¡Allí va, allí va!

Ahora está levantado el Sol en lo más alto y arden las piedras del monte. Caliente viene el viento y entra resoplando bajo los árboles. Es el mes del venado, y es la hora. ¡Va, va el cazador!

¡Saltando así el venado viene y a cada salto rompe el monte! Cuando sus pequeñas pezuñas caen sobre la tierra seca se oyen cuatro golpes, como si se golpeara la piel de un tambor. Me tiendo y pongo el oído en la tierra y ya sé por dónde saltó el venado y a dónde va.

¡Allí voy, allí voy! ¡Mira el venado lúcido cómo tiembla y cómo abre las narices y sacude las orejas de gran punta!

Pongo la flecha en el arco y estiro la cuerda, y ¡allá va! El venado brinca y se retuerce. ¡Cayó! ¡Cayó!

Baila el cazador que sabe lo que es poner una flecha en el pecho de un venado. ¡Así va, así va!

Cuando refresca la tarde, canta la codorniz y sale el conejo de su madriguera. Para esa hora está la trampa puesta y el lazo preparado… ¡Pon abiertos los ojos sobre las matas bajas, cazador, cazador…!

Se llenan los brazos de fuerza y se aguza el oído cuando viene el tigre por el llano. Y cuando cae, tenemos fiesta.

¡Baila, baila con la lanza en alto y bebe si tienes sed!

Ya bajó la noche y es hora de que todo duerma. Si vas al monte en esta hora, te cazarán a ti… ¡Baila, baila! Mañana iremos a sacar, cuando amanezca, el venado que cayó en la trampa.

Ya bajó la noche y es hora de que duerman los hombres y los animales. Duerme el cazador y sueña en la caza, porque ha bebido el bejuco del buen sueño y es hombre valeroso. Cuando haya muerto, cazará a los hombres y a los tigres en los montes del cielo.

El cazador pasa, y las mujeres palidecen de amor.

¡Allá va el cazador, allá va…!


La actividad cinegética representa un importante instrumento de conservación (10), ya que genera beneficios sociales y económicos que sirven como incentivo para conservarlos (11) en aquellos sitios bien gestionados, es decir, donde las tasas de extracción son moderadas y sustentables (12). Desafortunadamente, para la península de Yucatán existe aún muy poca información sobre el impacto de la caza sobre las poblaciones de fauna, lo que dificulta estimar la sustentabilidad de esta actividad.

No obstante, investigadores del Laboratorio de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (LAECBIO) del CINVESTAV Unidad Mérida están realizando investigaciones muy interesantes al respecto. Esta información está contribuyendo a formar una primera aproximación cuantitativa en el ámbito regional del impacto que actualmente tiene la cacería tradicional sobre las poblaciones de varias especies de vertebrados.

Nota: Antonio Mediz Bolio fue, entre otras cosas, especialista en la cultura maya. Nació el 13 de octubre de 1884 en Mérida, Yucatán. Murió el 15 de septiembre de 1957 en la Ciudad de México. Fue uno de los más destacados promotores y estudiosos de la cultura maya durante los primeros cincuenta años del siglo XX. Su interés por el estudio y la difusión de la cultura maya lo llevó a realizar la primera traducción completa del Libro de Chilam Balam de Chumayel al español. Su obra más conocida, “La tierra del faisán y del venado”, es un libro que Antonio Mediz Bolio “pensó en maya y escribió en castellano”.

Bibliografía:

1. Grandy, J.W., Stallman, E. & Macdonald, D.W. (2003) The science and sociology of hunting: shifting practices and perceptions in the United States and Great Britain. En: Salem, D.J. & Rowan, A.N. (Eds.). The State of the Animals II: 2003. Pp. 107-130. Humane Society Press, Washington, D.C.
2. Bodmer, R.E., Fang, T.G., Moya-I, L. & Gill, R. (1994) Managing wildlife to conserve amazonian forests: population biology and economic considerations of game hunting. Biological Conservation, 67, 29-35.
3. Lewis, D.M. & Alpert, P. (1997) Trophy hunting and wildlife conservation in Zambia. Conservation Biology, 11, 59-68.
4. Peres, C.A. (2000) Effects of subsistence hunting on vertebrate community structure in Amazonian Forests. Conservation Biology, 14, 240-253.
5. Berman, M. & Kofinas, G. (2004) Hunting for models: grounded and rational choice approaches to analyzing climate effects on subsistence hunting in an Arctic community. Ecological Economics, 49, 31-46.
6. Lindsey, P.A., Roulet, P.A. & Romañach, S.S. (2007) Economic and conservation significance of the trophy hunting industry in sub-Saharan Africa. Biological Conservation, 134, 455-469.
7. Roosvelt, A.C., Lima da Costa, M., Lopes Machado, C., Michab, M., Mercier, N., Valladas, H., Feathers, J., et al. (1996) Paleoindian cave dwellers in the Amazon: the peopling of the Americas. Science 272, 373-384.
8. Montiel, S. & Arias, L. (2008) La cacería tradicional en el Mayab contemporáneo: una mirada desde la ecología humana. Avance y Perspectiva, 1, 21-27.
9. Montiel S., Arias, L. & Dickinson, F. (1999) La cacería tradicional en el norte de Yucatán: una práctica comunitaria. Geografía Agrícola, 29, 43-51.
10. IUCN. (2000) Policy statement on sustainable use of wild living resources. IUCN (International Union for Conservation of Nature), Amman.
11. Adams, W.M. (2004) Good hunting. In: Adams, W.M. (Ed.). Against extinction: the story of conservation. Pp. 19-41. Earthscan Publications, Limited.
12. Bond, I., Child, B., Derek, D., Jones, B., Barnes, J. & Anderson, H. (2004) Private land contribution to conservation in South Africa. En: Child, B. (Ed.). Parks in transition. Pp. 29-61. Earthscan Publications, Limited, London.